• Centro Psicológico Loreto

Momentos lectores en Navidad.



En estas fechas navideñas quiero destacar el enorme valor de emplear nuestro tiempo en la lectura, ya que se trata de un momento fantástico para enfrascarnos en un nuevo libro, descubrir nuevos horizontes en nuestra imaginación y creatividad o explorar lugares desconocidos a través de la experiencia y vivencia de los protagonistas de la historia que leemos. Así que es muy buena idea pedir libros en la Carta de Papá Noël y Los Reyes Magos, por supuesto, y os animamos a que lo hagáis y motivéis a que vuestros hijos lo hagan.

Al mismo tiempo que disfrutamos muchísimo de nuestro tiempo libre, leer supone igualmente un estímulo importantísimo para los más pequeños de la casa. Existen estudios científicos que refuerzan la idea de que los niños imitan los modelos de los padres en cuanto a la actitud lectora. Reducir tiempos de pantallas, crear espacios de tranquilidad en casa en torno a la lectura, fomentar incluso la lectura en familia, puede contribuir mucho a cómo entienden vuestros hijos el sentido de la lectura. Si únicamente lo asocian al momento del estudio y no a otros recreativos, de estimulación de la creatividad y en definitiva de tranquilidad y placer, están sentando las bases de una actitud lectora recelosa y desfavorable, y muy posiblemente la van a rehuir durante su vida. Si participan sin embargo con normalidad de entornos lectores sanos, con miembros en su familia que disfrutan con la lectura, están sentando una base muy importante en lo que esta actividad pueda ser durante su vida un espacio agradable tanto estimulante como placentero. La referencia lectora en casa, de unos padres modelo en el disfrute de la lectura, va a suponer un importante abono en niños y adolescentes interesados en ella. Os aconsejamos que siempre se incluya algún libro en la carta de los Reyes Magos o Papá Noël.

Quiero incluir en este artículo un cuento breve de Paul Auster, para que vosotros padres y madres os animéis a leerlo. Tiene una clara referencia a la Navidad y alusión a una historia real de la vida americana que el autor recoge a través de la vivencia de uno de sus protagonistas. Me es un auténtico placer compartirlo con todos vosotros en sentido homenaje a este fantástico escritor.

Os deseo muy Felices Fiestas y Feliz Navidad.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques

“Una Navidad en Familia”. Relatos de Paul Auster

Mi padre me contó esta historia. Sucedió a principios de la década de 1920 en Seattle, antes de que yo naciera. Él era el mayor de seis hermanos y una hermana, alguno de los cuales ya no vive en casa de sus padres.

La economía familiar había recibido un duro golpe. El negocio de mi padre había quebrado, casi no había trabajo y el país estaba al borde de la quiebra. Aquel año teníamos un árbol de navidad, pero no teníamos regalos. Sencillamente no podíamos permitírnoslo. En Nochebuena nos fuimos a la cama con los ánimos un poco bajos.

Pero lo increíble fue que, al despertárnosla mañana de Navidad, nos encontramos un montón de regalos bajo el árbol. Intentamos mantener la calma durante el desayuno, pero acabamos con él en tiempo récord.

Entonces comenzó la diversión. La primera fue mi madre. Todos la rodeamos llenos de curiosidad y, cuando abrió el paquete, vimos que le habían regalado un viejo chal que “había perdido” hacía ya muchos meses. A mi padre le tocó un hacha con un mango roto. A mi hermana, sus viejas zapatillas de andar por casa. Uno de los chicos recibió unos pantalones remendados y arrugados. A mí me tocó un sombrero, el que yo creía haberme dejado en un restaurante, allá por el mes de noviembre.

Cada una de esas cosas desechadas representó una total sorpresa. Al poco rato nos entró tal ataque de risa que apenas podíamos desatar el lazo del siguiente paquete. Pero, ¿de dónde procedía tanta generosidad? Todo había sido obra de mi hermano Morris. Durante muchos meses había estado escondiendo en secreto cosas viejas que él sabía que no echaríamos de menos. Entonces, en Nochebuena, después de que todos nos hubiésemos ido a la cama, había envuelto los regalos y, silenciosamente, los había colocado bajo el árbol.

Recuerdo aquella Navidad como una de las más bonitas de mi vida.

DON GRAVES

Anchorage, Alaska

IMAGEN: https://goo.gl/images/uL1BuK

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