• Centro Psicológico Loreto

Celos infantiles y rivalidad entre hermanos.



Los celos forman parte del desarrollo psicológico normal del niño. Son un estado emocional que se caracteriza principalmente por la emoción de MIEDO, los niños lo viven con una sensación de frustración al creer perder o ver menguados el cariño y la atención de sus figuras de apego principales, que generalmente son sus padres. Podemos afirmar que tienen un punto álgido entre los 2 y los 4 años coincidiendo con la famosa “aDOSlescencia” y la aparición de las rabietas, más allá de los 6 años deben disminuir, aunque es justo entonces cuando se suele dar paso a la rivalidad entre hermanos.

Los celos afectan alrededor del 50% de la población infantil, afectando por lo general más a los niños que a las niñas, se calcula que más del 90% de l@s niñ@s mostraran celos en mayor o menor grado ante el nacimiento de un hermano. Tal vez por ello sean todo un clásico de las consultas psicológicas. Muchos de los niños sienten celos hacia uno de sus progenitores (Cuando los padres se abrazan o se besan, hay algunos niños que se enfadan expresándolo con gritos y llorando para impedir que esto suceda) al entrar en la etapa edípica, entre los 3 y 5 años, que es cuando entra la figura del tercero. También son comunes (aunque en menor medida) los celos hacia primos o amigos.

Los niños pueden manifestar celos de diferentes maneras por lo general suelen mostrar los siguientes signos que en muchas ocasiones alertan a los padres:

- Cambios de humor repentinos, donde se alternan signos de infelicidad o tristeza y a la vez de enfado (recordad que los niños confunden mucho estas dos emociones) junto a verbalizaciones como “ya no me quieres”, “nadie me hace caso”.

- Aparecen nuevas conductas, como pérdida de apetito, cambios en los patrones de sueño etc. Y algunas de ellas recesivas como escapes de pis en la cama, el que vuelva el lenguaje infantil, terrores nocturnos, coger el chupete del hermano y ponérselo o hasta incluso interés por mamar del pecho de su madre o ser acunado o mecido en brazos.

- Aparición de conductas disruptivas que antes no se daban, o que aumentan en su intensidad, como conductas negativistas y desafiantes, terquedad o dificultad para obedecer. Es muy habitual que nieguen errores propios y culpen a otros, generalmente al hermano (aunque sea imposible por la edad). Muchos padres definen estos episodios con la frase “siento que me hecha un pulso cada día”.

Pero, vayamos al grano ¿Qué podemos hacer para disminuir los celos y la rivalidad entre hermanos?. La sabiduría popular dice que lo mejor para los celos es “tratar a todos los hijos por igual” Y no es así, porque cada hijo tiene unas particularidades y unas necesidades especiales, con lo que tratarlos a todos por igual, en realidad, puede ser injusto y de hecho favorecer la aparición aún más de los celos. Algunos consejos:

1. No compares, trata a tus hijos como lo individuos únicos que son. Nunca olvides (ni tan si quiera en esos momentos tan locos) que sus personalidades y necesidades son diferentes. Evita que sientan que deben competir por amor o atención. Utiliza el lenguaje positivo en la forma de relacionarte con ellos en vuestro día a día.

2. No castigues. Si los niños desafían y castigamos a uno de ellos, se sentirá aún más enfadado, frustrado y resentido hacia su hermano. Tendrá el doble pesar de haberse disgustado con él o ella y haber sido castigado por sus padres. Sin embargo deja claras las consecuencias, aplicando las consecuencias naturales y lógicas de sus conductas: Las consecuencias naturales se circunscriben dentro de lo que sería una causa-efecto natural. Por ejemplo, si llueve y no llevo paraguas, me voy a mojar. Si rompo el juguete de mi hermana ya no podremos jugar con él. Por otro lado podemos recurrir a las consecuencias lógicas que son aquellas que requieren de la intervención directa del adulto pero, a diferencia de los castigos (que normalmente son arbitrarios y pretenden demostrar una autoridad). Por ejemplo, si los niños entran en conflicto porque no quieren recoger su habitación y ordenarla, en esta situación se les avisa de que no vamos a recogerla por ellos, ni vamos a cambiar las sábanas, ni lavar la ropa y la consecuencia lógica es que tendrá que convivir con el desorden hasta que decidan ordenar o pedir nuestra ayuda para hacerlo.

3. Pasa tiempo con tus hijos individualmente. Fija un momento para pasar un rato con cada uno de ellos cada día. Fija un momento exclusivo para ambos, busca actividades especiales. De no ser posible, brinda la misma atención durante los ratos familiares.

4. Sirve como modelo. Cuando tu paciencia esté al límite, lo más fácil es que otro adulto tome el control, pero todos sabemos que no siempre es posible. En consulta muchos padres se quejan de lo mal que gestionan sus hijos las emociones, sin darse cuenta de que realmente sus hijos en ocasiones reproducen las conductas que ven a sus padres. Si ves que te estas alterando, diles que necesitas tomarte un descanso, salir para aclarar las ideas durante un par de minutos hasta tranquilizarte para no perjudicar más aún la situación. Verbaliza las emociones de cada niño y también las tuyas. Es normal estar enfadados a la vez que querer mucho a nuestros hermanos. Al ser personas muy importantes, los agravios que nos hacen nos duelen sobremanera. Debemos ayudarles a verbalizar y asumir estas contradicciones.

5. No le relegues a un segundo plano. A veces, no es lo que haces, sino lo que dices. Y es que la forma de expresión de los padres tiene un impacto enorme en los niños y puede desatar los celos. Por ejemplo, si tu hijo te pide ayuda y en ese momento estás dando de comer al bebé no le digas: “no puedo porque estoy alimentando a tu hermano”, porque así se sentirá desplazado. En su lugar, dile: “enseguida te ayudo, en 10 minutos estaré contigo”.

6. Enséñales sobre la empatía. Ponerse en el lugar del otro es la mejor manera de prevenir o terminar una discusión. Mantén una buena comunicación. La comunicación puede ayudar a prevenir los malentendidos que conducen a las rabietas o a una pelea.

Cuando comiencen los conflictos entre ellos…

7. No tomes partido, no intervengas al menor instante. Anima a tus hijos a resolver las cosas entre ellos. Puedes servir como moderador o sugerir soluciones justas. Dales autonomía para resolver sus diferencias, en ocasiones cuando hay un adulto delante es como si se desentendieran de su responsabilidad para resolver la situación y se la delegaran al adulto.

8. Establece límites y más en cuanto a las agresiones. Si tus hijos saben lo que esperas de ellos, es más probable que respeten tus indicaciones. Si hay agresión, céntrate en el agredido, dar prioridad al que recibe la violencia es esencial. Primero porque es el que necesita más ayuda (salvo excepciones) y segundo porque si el agresor buscaba tu atención, este no la consigue. Es decir, en vez de culpar “¡Has arañado a tu hermano!”, cosificar “¿Vaya ese arañazo debe doler muchísimo, lo limpiamos con un poco de agua?”.

¿Cuándo deberemos acudir a un especialista? Cuando los celos comienzan a causar un sufrimiento y malestar en el niño y/o en la familia, o son persistentes en el tiempo, se debe de acudir profesional cualificado. Desde el Centro Psicológico Loreto Charques tras observar las conductas que son causadoras de ese malestar y que causan el conflicto realizaremos intervención ajustada en el caso específico del niño y de su familia.

Esmeralda Armada Ortega

Psicóloga Col. Nº M-29040

Centro Psicológico Loreto Charques

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