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5 obstáculos que ponemos sin darnos cuenta a los niños con AACC


Altas Capacidades

No es fácil detectar a un niño con altas capacidades intelectuales (#AACC), no muestran signos evidentes y pueden confundirse fácilmente por niños con falta de #atención, distraídos, “raretes” e incluso malos estudiantes o retadores. La detección en el caso de las niñas suele ser aún más dificultosa. Según Borland, un gran número de niñas con altas capacidades buscan encajar mostrando una menor capacidad e inteligencia de la que realmente tienen, además sabemos a través del Ministerio de Educación que el 70% rinde por debajo de sus posibilidades. La necesidad de aprobación, el intentar no destacar demasiado ante los compañeros, un sistema educativo obsoleto basado en un procesamiento de la información de forma secuencial y por repetición sin implicación #emocional o #motivacional y la carencia de recursos invertidos en estos niños les dejan un camino lleno de baches.


Cuando tengo a esos padres sentados frente a mí, los cuales muchos han ido quemando recursos o han dado palos de ciego para poner nombre a “...lo que sea que tiene o es, porque ya no sabemos ni entendemos nada...” y descubren el diagnóstico de altas capacidades, la información les cae, como reflejan sus caras, como un jarro de agua fría con sabor agridulce. Llevaban tiempo sospechándolo, esas diferencias con los demás niños ya tienen un nombre, pero sé por sus caras que el miedo aparece, no se sienten preparados, no saben cómo se van a enfrentar y si el cole colaborará, tienen miedo a saber si serán capaces de cubrir sus necesidades y sobre todo me transmiten ese miedo a que su hijo sea aceptado y no esté señalado por la clase o él se sienta así. Un niño de altas capacidades no sólo tiene una #inteligencia muy superior a la media, sino una #emotividad, #motivación, #personalidad, #creatividad y #temperamento que se desarrollan de forma completamente diferente a los del resto de niños de su edad.


Al tratar con los niños suelo ponerles el símil de los coches ya que lo comprenden bastante bien. Saben que su velocidad de aprendizaje pudiera parecerse a la de un coche de gran cilindrada, y que para ellos los demás son los que van lentos. Pero el ir a mayor velocidad (aunque parezca una ventaja en todos los sentidos), no significa estar exentos de tener contratiempos: gasolina hay que echar al coche igual (el conocimiento no viene por ciencia infusa y una excesiva autoconfianza o aburrimiento puede hacernos jugar una mala pasada). Puede que se vean obligados a pisar el freno para adaptarse a una clase que no se adapta a él, o para no destacar en exceso. Además, en el camino pueden aparecer contratiempos y tener baches.


En ocasiones con la intención de ayudarles y allanarles el camino conseguimos el efecto contrario y ponemos algunos obstáculos en su camino:


Etiquetas y mitos: La riqueza del ser humano reside en las diferencias que existen entre los sujetos, y los niños con altas capacidades no van a ser menos. Si bien es cierto que pueden compartir ciertas características, ni todos los niños de altas capacidades son iguales, ni todos se comportan de la misma forma, ni todos tienen los mismos intereses. Ser de altas capacidades no te convierte en un experto en todo e incluso aunque tengas talento en algo, no significa que quieras aprovecharlo en ese momento.


Tratarles como adultos: que tengan un cociente intelectual superior al de un niño de su edad, no significa que tengan una capacidad emocional igual. Quizás comenzaron a hablar y caminar antes que los demás niños pero eso no quita que aún estén aprendiendo a gestionar sus emociones y su inteligencia emocional esté aún en etapa de desarrollo. Es frecuente que a los padres les cueste ser empáticos ante sus rabietas, tristezas y frustraciones acerca de las injusticias, la muerte o el mundo.


Pensar que lo tienen más fácil: ser un niño con altas capacidades no solo no es fácil, sino que además es muy difícil. En ocasiones se da por hecho que desconocen lo que es el miedo a suspender y se esperan de ellos respuestas brillantes. Y aquí viene el arma de doble filo, es precisamente lo contrario, ellos mismos están tan acostumbrados a hacer las cosas bien, que tienen miedo a fracasar y suelen ser muy críticos ante cualquier fallo prefiriendo en ocasiones el evitar que el enfrentarse a un posible fracaso.


No dejarles ser ellos mismos: los niños con altas capacidades no siempre encajan bien en el grupo de pares o incluso en la familia, por lo que muchos padres (y profesores) intentan que sean como los demás, siguiendo un modelo estándar. Para evitar que sean centro de burlas se les pide que modifiquen su conducta y sigan los intereses y modo de hacer las cosas de los demás niños. Recuerdo el caso de un niño que provocaba que los profesores le castigaran para poderse quedar en el recreo leyendo ya que si no le obligaban a jugar al fútbol, cosa que el aborrecía y que además provocaba las risas de los compañeros por su poca destreza.


El exceso de actividades: Los niños y niñas de altas capacidades tienen intereses muy variados, pero es cierto que a su vez parecen cansarse rápido de las diferentes actividades o extraescolares, por lo que algunos van encadenando unas tras otras en periodos cortos de tiempo y otros las van acumulando. Algunos padres deciden elegir las extraescolares que creen que son las mejores según las capacidades de sus hijos, aunque estos no muestren ningún interés. Es importante fomentar su curiosidad, pero a veces menos es más y esa curiosidad se puede encontrar en un documental, en un libro…


A lo largo de nuestras vidas todos vamos a tener que superar baches, nos tropezaremos varias veces y tendremos que levantarnos otras tantas. La vida no es un camino de rosas, ni para los niños que tienen altas capacidades ni para los que no las tienen. Sin embargo, como hemos visto, por el hecho de serlo, acabamos cometiendo algunos errores que con otros niños no cometeríamos.


Esmeralda Armada Ortega

Psicóloga Col. Nº M-29040

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