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Aburrimiento.



El #aburrimiento es algo de lo que se habla muy poco. Es algo a lo que se le ha dado poca importancia, otra de esas sensaciones desagradables a evitar. Precisamente por ello es un gran movilizador, y por lo tanto, podemos concluir que ha debido ser un gran recurso de adaptación para la supervivencia.


Me imagino al hombre en su época prehistórica, activo, aprendiendo de la experiencia, alerta a los depredadores y a las presas, desarrollando estrategias y herramientas por observación, por ensayo y error. Evidentemente la gestión de la energía, también debió ser un factor importante, tan importante es la actividad y el aprendizaje, como el descanso y el autocuidado.


Parece que necesitamos un nivel mínimo de estimulación, y si no lo tenemos, nos activamos y ponemos en acción nuestros sistemas de exploración y búsqueda. Entiendo que el aburrimiento debió comenzar a establecerse culturalmente con el paso de una vida nómada, al sedentarismo. Mientras que las probabilidades de supervivencia aumentaban con el uso de la agricultura y la ganadería, es decir la planificación de recursos a largo plazo, el hombre debió adaptarse a las rutinas diarias, trabajos de largas jornadas, largas esperas para obtener los frutos del esfuerzo. Pero bueno, ¿qué no hace uno por la familia, por sus hijos?


También es cierto que al ser animales sociales, con la llegada de la revolución industrial, aún imbuidos en trabajos altamente sistemáticos, se trabajaba rodeado de personas, lo que proveía de estimulación social. Los trabajos modernos ya sean más rutinarios, o más de naturaleza creativa, se caracterizan por una mayor tasa de interacción social, aunque los hay de todo tipo.


En la actualidad, tal vez, el concepto de aburrimiento esté más ligado a los ratos de ocio, que al entorno laboral. Esto es paradójico en la actualidad, porque estamos en la era tecnológica, en la era de las telecomunicaciones, donde la estimulación es más prolífica que nunca: radio, cine, televisión, Internet, videojuegos, plataformas on-line, redes sociales...no parece que la ausencia de aburrimiento esté ligado a la accesibilidad a fuentes de estimulación. Es más, esta accesibilidad, unido a la no saciación del aburrimiento, es el caldo de cultivo perfecto para las adicciones a las tecnologías.


La huida del aburrimiento, tiene la connotación del aburrimiento como algo negativo. Veíamos antes que ha debido ser uno de los recursos importantes para nuestra supervivencia. Tal vez, nuestro disfrute personal, nuestra felicidad, esté más ligado a la creatividad, a la construcción, al sentimiento de competencia, incluyendo también la dimensión social, más que a la ocupación o la distracción en sí misma. Es decir, una estimulación continuada, en la que yo solo soy un sujeto pasivo, parece no saciar de manera adecuada esta necesidad.


Parece que, según los factores contemplados, una buena combinación, ya sea a nivel de obligaciones (trabajo y estudios) o vida ociosa, son factores de optimización:


  • Las actividades con contenido social, en las que se puede enriquecer la red social, y, a ser posible, tener una función contributiva, que haga sentir capaz, competente útil.

  • Qué entre en juego nuestra capacidad creativa, al menos en parte, ya sea a través de la música, el deporte, el arte, manualidades a nivel ocioso, o la aportación de ideas en el trabajo, haciéndolo un poco más nuestro, aportándole nuestro sello de identidad.


No hay por qué desechar televisión, videojuegos, u otras tecnologías, que en momentos de cansancio físico, aún nuestro cerebro nos pide un poco de estimulación mental.


Otro factor son las diferencias individuales. Si entendemos el aburrimiento como la necesidad de estimulación novedosa, las rutinas son demoledoras. Si nos vale con estar ocupados y distraídos, es más fácil adaptarse a trabajos repetitivos. Una necesidad extrema de estimulación, va ligada a conductas relacionadas con el riesgo: deportes extremos, hipersexualidad, adicciones al juego, la comida… incluso conductas transgresoras y criminalidad.


A los padres nos toca una labor importante, porque el momento crucial del #aprendizaje de esta perspectiva, tanto a nivel escolar, como de la gestión de los ratos de ocio, es la niñez. El cerebro del niño está en vías de desarrollo: un sistema ejecutivo eficaz (priorización de actividades, gestión de los tiempos, planificación, toma de decisiones) y una emocionalidad funcional (tolerancia a la frustración, a las esperas, a la incertidumbre a la demora de las gratificaciones, gestión de las emociones en general…). Hasta que el niño vaya alcanzando cierta madurez, son como pequeñas máquinas de devorar gratificaciones inmediatas, al coste que sea, no tienen en cuenta los costes a medio plazo, y si los conocen, no son capaces de resistirse a la tentación. No es una patología, simplemente su sistema nervioso está madurando, cada uno a su ritmo.


Desde nuestra posición de cerebro maduro y funcional, damos por sentado que explicándoles las cosas directamente, aprenden. Esto es un error, y generalmente nos lleva a la desesperación. La adquisición de hábitos, no es como aprender que la capital de España es Madrid. Se puede más bien comparar con el aprendizaje de una labor de precisión, como la neurocirugía. Son necesarias repeticiones, repeticiones y más repeticiones, hasta que las redes neuronales del cerebro del niño, vayan conectándose como deben hacerlo. Es casi como realizar una escultura en mármol. Son años de trabajo, perseverancia, paciencia y tener más aguante que el propio niño. Así que mucho ánimo a todos.


Javier Hernández Matas | Psicólogo Col. Nº M-20253

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