• Centro Psicológico Loreto

Afrontamiento del estrés en tiempos de Covid.


Un reto para el autocuidado emocional.

“Que #estrés, mis hijos/as tienen distintas horas de entrada al colegio y si sumamos que yo también tengo que llegar a tiempo al trabajo”, “tengo tos y me cuesta respirar pero el médico me ha dicho que estrés”, “teletrabajo y clases de los niños online, no me da tiempo a nada”, “me han avisado del colegio que mi hijo/a no se pone la mascarilla, lo que faltaba!”... Todas estas frases son resultan muy familiares, pero realmente la aproximación teórica desde la psicología al término “estrés” es difícil de definir…


Por lo tanto, antes de nada, permítanme un breve acercamiento al concepto de estrés para crear así un marco teórico en el cual movernos a lo largo del texto. Si echamos un vistazo a la bibliografía existente, a la hora de entender el concepto de estrés hay distintos modelos que lo abordan desde perspectivas diferentes. Algunos se basan en la respuesta que tenemos ante demandas que superan nuestra capacidad adaptativa, otros se enfocan en ver el estrés como un estímulo que provoca una alteración de nuestros procesos homeostáticos y hay algunos que lo definen como un proceso donde la evaluación cognitiva de la situación es crucial para el afrontamiento.


Pues bien, basándonos en esta última idea, sería interesante entender que los procesos de afrontamiento al estrés se activan tras realizar una evaluación de la situación y constatar que ésta nos demanda algo que excede o desborda nuestros propios recursos, teniendo por lo tanto que hacer esfuerzos “extra” tanto cognitivos como conductuales para hacer frente a demandas específicas e incluso cambiantes.


Voy a parafrasear varias frases de lo anterior… “algo que excede o desborda nuestros propios” y “demandas específicas y cambiantes”. En los últimos meses, desde que empezó la palabra #COVID a colarse en nuestras vidas, nos hemos ido encontrando con numerosos factores que bien podrían encajar en esas dos frases. De repente nos encontramos con una realidad que, por la gravedad y excepcionalidad de la situación, desborda absolutamente los recursos de afrontamiento propios que pudiéramos tener. Nos toca hacer frente a demandas muy específicas, amenazantes e incluso cambiantes para las cuales tenemos que desarrollar nuevas estrategias si queremos hacer un afrontamiento del estrés eficiente. Estos pueden ser dos tipos:


  1. Dirigidos a la emoción. Empleamos procesos cognitivos para disminuir el grado de alteración emocional y así evitar que la situación provoque daño psicológico como ansiedad o depresión. Estos procesos pueden ser la evitación “yo voy a seguir haciendo mi vida normal”, la minimización “esto es como una gripe” o la extracción de valores positivos ante acontecimientos negativos “de esto salimos más fuertes”. Estos recursos modifican nuestra forma de vivir inicialmente la situación, haciéndola más abordable desde una perspectiva de manejo del estrés. No obstante, estos mismos recursos que nos protegen por un lado inicialmente pueden impedir conductas adaptativas relacionadas con la salud, especialmente la negación, la evitación o la minimización.

  2. Dirigidos al problema. Podemos desarrollar recursos dirigidos a modificar obstáculos, movilizar recursos, procedimientos… ¿quién no ha desarrollado a estas alturas nuestro propio protocolo sanitario de seguridad casero? Hemos modificado casi sin darnos cuenta rutinas cotidianas para hacer frente a las demandas específicas que nos plantea la situación actual. Por otro lado, aquí tenemos también las estrategias encargadas de cambios motivacionales o cognitivos como el cambiar en pleno confinamiento nuestros canales de gratificación, desarrollar nuevas pautas de conducta o aprendizaje de recursos nuevos…


Con todo lo dicho, es importante plantearnos la gran pregunta del post: ¿todos nos estresamos igual cuando nos enfrentamos ante la misma situación estresante como puede ser el COVID?. La respuesta es… NO!!.


Pero… ¿de qué depende que algunas personas lo pasen tan mal y otras se queden impasibles? La respuesta es fácil si buscamos qué factores que pueden aligerar o incrementar el efecto del estrés:

  • Apoyo social (entendido como apoyo social percibido). Personas con un bajo apoyo presentan un incremento de la vulnerabilidad física y mental, en cambio un alto apoyo proporciona a la persona percepción de disponibilidad de ayuda.

  • Hábitos o patrones de conducta. Llevar una adecuada alimentación, dormir bien, realizar deporte…nos ofrece el soporte adecuado para un mejor abordaje de situaciones que nos sobrepasan.

  • Variables personales. Características como el optimismo, sentido del humor, motivación o la autoeficacia son potenciadoras de salud antes el estrés. Frente a ellas la dificultad para expresar emociones, negativismo, hostilidad…que provocan mayor reactividad al estrés.

  • Estilo de afrontamiento al estrés. Entendida como los esfuerzos cognitivos, conductuales y emocionales para hacer frente a una situación desbordante. O cómo podríamos definirlos usando el refranero español… “sacar fuerzas de flaqueza”.

  • Predisposición biológica. Al igual que podemos ser más propensos a tener determinadas enfermedades biológicas, a nivel psicológico también hay influencia de este factor. El estrés es la percepción de una amenaza desbordante, para la cual nuestro sistema fisiológico se prepara para actuar segregando neurotransmisores, hormonas…es la respuesta al estrés.


Nuestro equipo estará siempre disponible. Ya sea presencial o por vídeo-conferencia. Si tienes cualquier duda ponte en contacto con nosotros

Lorena Atienzar del Toro

Psicóloga Col. Nº M-25199

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