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Autoestima sana dentro de la familia


Autoestima sana dentro de la familia

“Mi niño de 5 años tiene la autoestima baja, ¿puede que sea porque es genético?”, así abría la línea de trabajo una madre mientras trabajábamos en un taller de la escuela de familias la #autoestima sana.


Si bien es cierto que sería la explicación más sencilla y lógica para dar respuesta al hecho de que hay niños muy pequeños que ya dan signos de baja autoestima, la realidad es que no se nace con esta característica impresa en los genes. Y menos mal, porque entonces difícilmente podríamos trabajar para construir en nuestros hijos, en nosotros mismos, lo que denominamos “autoestima sana”.


En los últimos tiempos se habla mucho de este término enfocado especialmente a la población infantil y adolescente, y en este #post voy a intentar retratarles los aspectos más cruciales y en los que es más interesante poner la “lupa parental”.


La Autoestima se construye

Por si no había quedado suficientemente claro con el “spoiler” del párrafo anterior, el título de éste despeja todas las dudas que pudieran seguir existiendo respecto a la cuestión de si, con autoestima se nace o si ésta se desarrolla. Pues bien, la autoestima se construye.


Obviamente hay que tener en cuenta las características innatas de los hijos, aspectos de su #carácter o de su #temperamento están ahí determinando en cierta medida muchos de los pasos, decisiones, experiencias y pensamientos que rodearán su vida. Pero no se dejen engañar, estos no son nada más que apuntes al margen de la hoja si lo comparamos con la influencia exterior que los adultos podemos ofrecerles a la hora de formarse como personas y con ello la autoestima propia.

Síntomas de Baja Autoestima

Sin que esto sirva para generar alarma dentro de las #familias, comparto con ustedes algunos signos de baja autoestima a tener en cuenta, por supuesto una autoestima dañada no implica una realidad aislada, sino que forma parte de un complejo entramado que habría que ir resolviendo y viendo qué factores son los causantes.


La #familia, la base de la pirámide

La familia se convierte una vez más en el pilar fundamental a partir del cual el niño desarrollará la autoestima durante la infancia y la adolescencia (etapa especialmente delicada e incluso temida por la cantidad de cambios que experimentan los hijos).

Si cogiéramos de referencia el efecto Pigmalión o la profecía autocumplida para explicar el modelo de relaciones interpersonales dentro de casa, diríamos que los padres aquí deben convertirse en auténticos “pigmaliones positivos”. Antes de seguir, apuntaré que el efecto Pigmalión podríamos resumirlo en cómo las #expectativas de uno (los padres en nuestro caso) afectan a las expectativas de los hijos respecto a una determinada tarea u objeto y por consiguiente en el propio #autoconcepto, valoración de capacidades y afrontamiento de experiencias nuevas (o viejas en las que no me siento capaz). Siendo esto un círculo cerrado que al final refuerza las expectativas de los padres y hace que se reproduzca de nuevo el ciclo.

Pongamos un ejemplo cotidiano para terminar de dar forma a la idea: se encuentra usted con su hijo en la calle o en el campo (cuando se podía salir) y se dispone a enseñarle a montar en bici (ya sin "ruedines" por supuesto), las expectativas que en ese momento tenga acerca de la capacidad de su hijo, el miedo de que se haga daño, las experiencias previas que haya tenido…influirán en la solvencia con la que el niño resuelva la nueva experiencia que se le presenta. Todo ello podemos materializarlo en expresiones o pensamientos internos del tipo “mi hijo no es hábil con los deportes”, “seguro que aún se acuerda de cuando se cayó intentando montar en bici”, “no estoy seguro de si es el momento adecuado” o en el polo opuesto “seguro que le sale bien a la primera”, “tengo un hijo que es un máquina”, “voy a dejarle que vuelva a intentarlo hasta que sea capaz”… dependiendo de si finalmente es capaz o no de montar en bici como los “ninos mayores” se reforzaran esas ideas o expectativas de los padres “si ya lo sabía yo… que le conozco!”.

Pues bien, volviendo a lo de “pigmaliones positivos” y basándonos en el ejemplo anterior, permítanme que les deje una formula muy sencilla para entender el concepto:



En la misma línea, señalar la importancia de que los padres puedan hacer una revisión de la propia autoestima antes de intentar dar respuesta a algunas preguntas que pueden surgir acerca de porqué los hijos no tienen una autoestima sana. Habrá una influencia inevitable en el desarrollo personal de mis hijos en base a como me sienta yo, dependiendo de cómo sea mi autoconcepto, mi autoevaluación de capacidades, las expectativas propias... en resumen, mi autoestima.


Lorena Atienzar del Toro

Psicóloga Col. Nº M-25199

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