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Los miedos en la infancia y adolescencia


Los miedos en la infancia y adolescencia

Los #miedos en la infancia son un fenómeno normal que forma parte del proceso de desarrollo infantil sano, permiten al niño protegerse de las posibles amenazas de un mundo aún por descubrir, y favorecen el alejamiento de peligros potenciales. Estos miedos evolucionan según su nivel de desarrollo, y a medida que los niños van madurando irán desapareciendo de forma gradual, aunque algunos pueden mantenerse durante varias etapas de crecimiento, a estos miedos los llamaremos miedos evolutivos.


Es muy importante que conozcamos algunos términos básicos, para, como padres saber cuándo podemos activar nuestras señales de alerta o bien asimilar que es algo normal y como ya hemos dicho sano y necesario en el desarrollo de nuestros hijos. En nuestro día a día de forma errónea se utilizan los términos de miedo, ansiedad y fobia como sinónimos, si bien todos ellos se desencadenan a consecuencia de un mismo tipo de estímulo (que el pequeño interpreta como una amenaza para sí) y generan respuestas fisiológicas, #conductuales, #cognitivas y #emocionales similares no son realmente los mismo, a grandes rasgos podríamos definirlas de la siguiente forma:


  • El #miedo es una emoción básica que nos ayuda a la adaptación y a la supervivencia, aparece cuando se interpreta algún estímulo o señal como una amenaza y el organismo se prepara para reaccionar y responder a esa amenaza.

  • La #fobia es un trastorno psicológico que se produce cuando el miedo es demasiado intenso, desproporcionado, persiste en el tiempo y además interfiere de forma significativa en nuestra vida cotidiana causando respuestas desadaptativas.

  • La #ansiedad, a pesar de parecer similar al miedo, se distingue fácilmente de él en que no obedece a un estímulo amenazante externo, sino que es provocada por estímulos internos, predominando las respuestas cognitivas.


¿Pero porqué aparecen de forma a veces tan abrupta?


El permanente cambio al que se enfrentan los niños hasta su adultez a nivel neuronal unido a las características del pensamiento del niño favorece la aparición y permanencia en algunas etapas de estos miedos. Existen 4 factores importantes que debemos tener en cuenta:


  1. Capacidad simbólica. Aparece en torno a los 2 años y capacita al niño a poder emplear símbolos, es decir, pensar en cosas, sujetos o acontecimientos que no están presentes, por medio de sus representaciones mentales, algo que antes de los 2 años no sucedía. Esto supone que los niños comienzan a prever situaciones temidas, aunque estas no hayan sucedido nunca.

  2. Pensamiento mágico del niño. Es una etapa contemplada entre los dos y los siete años aproximadamente. Se trata de una fase completamente normal y necesaria donde los niños tienen desdibujada la línea que separa la realidad de la fantasía. Las hadas, Papá Noel, brujas, fantasmas, amigos imaginarios y demás son un fiel ejemplo de este tipo de pensamiento. Además, a través de su pensamiento pueden dotar a objetos inanimados de movimiento (como a montañas que les persiguen estando en el coche, o el sol). Cuando los niños se acercan a los 7 u 8 años comienzan a distinguir entre lo que es fantasía y realidad, dando paso a el pensamiento lógico que choca con el mágico, lo que origina que comiencen a cuestionar y a hacer muchas más preguntas sobre todas las dudas que puedan tener.

  3. Los avances en la maduración hacia ese pensamiento lógico, con la integración del concepto de irreversibilidad de algunos hechos (como en la muerte del que ya hablé en este artículo anterior sobre la muerte). Le permiten adaptarse y entender mejor el mundo que le rodea, pero también favorecen la aparición de otros miedos infantiles. Se produce un aumento del campo perceptivo, y con ello un incremento de la percepción de peligros y el miedo que estos conllevan.

  4. Gran parte de los aprendizajes que se producen en los niños son fruto del proceso de aprendizaje social; el niño observa a los individuos de su entorno y aprende conductas adecuadas para la sociedad en la que vive; así, a través de los demás, también puede aprender a tener miedo y a temer lo que otras personas temen; bien por ejemplo por tener unos padres temerosos o con reacciones desproporcionadas ante algunas situaciones, o con trastornos de ansiedad, bien porque les metan miedo verbalmente a ciertas situaciones u objetos.


Miedos evolutivos más frecuentes


Algunos consejos para ayudar a superar sus miedos


Respetar y aceptar su miedo. Quitarle importancia o minimizar el valor que para él/ella tiene, nos alejará de sus emociones. Ni mucho menos criticarle, burlarnos, castigarle por su miedo.


Ayudarle a que exprese su miedo, descubrir que hay realmente tras este y que es lo que teme. Permitir que se desahogue y hacerle ver que le escuchamos y que nos preocupamos por su estado.


Enséñale como tú, u otros, te expones a lo que teme y que observe como realmente no llega a suceder. Esto suele ser más eficaz si tenemos la oportunidad de que realice la conducta modelada por un niño de edad similar. No le obligues posteriormente a exponerse él.


No les expongas directamente a sus miedos. Si el temor es grande, podemos dividirlo, o realizar una jerarquía con situaciones relacionadas que sean menos aversivas para él, de este modo poco a poco vaya ganando confianza, hasta que finalmente se consiga motivarle para enfrentarse a su gran miedo. La progresión y el acercamiento progresivo a su miedo es más recomendable que la exposición directa y total.


Premia y celebra cada pequeño acercamiento que haga hacia la superación de su miedo.


En conclusión, los miedos no deben ser motivo de grandes preocupaciones, de hecho, algunos son evolutivos y son totalmente normales y necesarios para su desarrollo. Sí debemos alarmarnos y acudir a un especialista en psicología infantil cuando los miedos son tan intensos y persistentes que repercuten negativamente en su desarrollo e interfiere en el funcionamiento diario del niño (actividades escolares y sociales, en las relaciones interpersonales, juegos, salidas de casa, en su autonomía…). pues en ocasiones un miedo excesivo no resuelto puede terminar generando algún tipo de fobia o ansiedad.


Esmeralda Armada Ortega

Psicóloga Col. Nº M-29040

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