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Sobre el TDAH y la adicción a videojuegos


Sobre el TDAH y la adicción a videojuegos

Muchos de los psicólogos que trabajamos en el ámbito infanto-juvenil y más en concreto con niños y adolescentes con diagnóstico de #TDAH, escuchamos con voz desesperada de los #padres su desconcierto (y enfado) ante la capacidad de sus hijos para captar una atención plena ante los videojuegos, mientras que muestran una incapacidad para conseguir esta misma atención al hacer los deberes o al parar quietos durante unos minutos.


Este hecho tiene una explicación biológica, el núcleo accumbens (un conjunto de neuronas) juega un importante papel formando parte del centro de recompensa cerebrales, es esa región del cerebro donde las drogas estimulantes actúan, produciendo un aumento en los niveles de #dopamina cerebrales.


Para hacer cualquier cosa, tenemos que estar motivados, esto es, nuestros circuitos de recompensa deben tener un determinado nivel de dopamina para ir liberándola en pequeñas dosis (como les explico a mis chavales, el cerebro funciona a través de la química), así mantenemos la motivación a largo plazo. Mantener la atención de niños afectados por TDAH puede depender de saber dar compensaciones inmediatas provocando esa liberación natural de las dosis de dopamina. Y en esto los #videojuegos son grandes expertos: Puntos, vidas extras, monedas, kills, bonificaciones, un nuevo skin…


Conociendo los profesionales de la salud mental esta hipótesis de la deficiencia de la recompensa, donde los pacientes con TDAH poseen sistemas de dopamina desregulados que les llevan a una baja satisfacción con las recompensas naturales (por eso todo les aburre), y sabiendo que tienden a buscar recompensas no naturales, venimos desde hace años trabajando en la prevención en este tipo de población de conductas de riesgo y de abuso de drogas, lo que no nos esperábamos cuando aún estudiábamos o comenzábamos nuestra práctica clínica, era que sobre todo en esta última década con la evolución del Internet trabajáramos además en la prevención a la adicción a los videojuegos. Y es que en nuestro día a día, unos de los objetivos a trabajar en la terapia con nuestros pacientes es el uso normalizado de los videojuegos por las repercusiones que venimos observando a nivel conductual, emocional y familiar.


Recientemente, en 2018 Holly ER Morrell junto con la Escuela de Salud Conductual de la Universidad Loma Linda (LLU), ubicada en Estados Unidos, mostró en su investigación “Video game addiction, ADHD symptomatology, and video game reinforcement.” que el uso compulsivo de videojuegos, independientemente del tipo o temática que sean, agrava los síntomas del TDAH en los pacientes, y sugieren que las personas con mayor gravedad de los síntomas del TDAH pueden estar en mayor riesgo de desarrollar hábitos de juego problemáticos. Este estudio confirmaría lo que los profesionales venimos observando en nuestra práctica diaria.


La evolución de Internet y los videojuegos, unida a la pronta y excesiva exposición de los niños a ellos (ya hasta incluso en bebés o niños de muy corta edad a través de los juegos en app móviles, o desde los primeros cursos de primaria jugando a juegos altamente violentos y adictivos como #Fornite), nos hace saltar las alarmas sobre la adicción a los videojuegos en menores de edad y más aún para aquellos niños con TDAH que tienen esa predisposición.


Desde el año 2013 El DSM-5 [el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales] ya incluyó la adicción a los videojuegos entre los trastornos adictivos no relacionados con sustancias, y desde el mes de mayo de este año 2019, la Organización Mundial de la Salud (#OMS) incluye oficialmente como trastorno, la adicción a los videojuegos en su borrador de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE 11), que entrará en vigor el 1 de enero de 2022.


¿Qué podemos hacer en casa para prevenir?

1. Control del tiempo. Al igual que restringimos en nuestros hijos determinados tipos de comida basura y/o bollería industrial para promover su salud física. Debemos restringir de la misma forma o siendo incluso más taxativos el uso de los videojuegos para proteger su salud mental. No todo debe ser tecnología, se deben respetar los espacios de otras actividades como el estudio, la familia, el deporte, los amigos, leer o escuchar música. Esperar a que ellos mismos se regulen de forma correcta sería tan extravagante como el pretender que ellos eligieran su rutina de asistir o no a la escuela o instituto.


2. Variedad de entretenimiento Niños y adolescentes deben tener claro que los videojuegos son una actividad de ocio más y no la única. Para ello el trabajo y acompañamiento de los adultos es fundamental. Dotarles de variedad de estrategias de ocio desde bien pequeños servirá como protección en edades más tardías. En nuestra práctica, no es raro encontrarnos a niños y adolescentes sin saber qué hacer cuando no tienen videojuegos o dispositivos electrónicos.


3. ¡Estar atentos a cualquier cambio! Conductas, estados de ánimo, tiempos, comportamientos, respuestas a ciertas situaciones, en cuanto veamos una respuesta no habitual comenzar a tomar medidas, no esperes que él se regule solo como ya hemos mencionado anteriormente, entre las numerosas cosas que tienen que aprender en estas etapas está la de regularse con nuestra ayuda.


4. Infórmese y observe a qué videojuego está jugando su hijo, así como las películas y las series de televisión, las aplicaciones móviles y los videojuegos tienen una clasificación según contenido y edad apropiada. Juegos online, gratuitos, de partidas cortas, y que aportan continuamente refuerzos positivos (vidas, puntos, pócimas, kills...) son más susceptibles a causar adicción que otros que no poseen esas características. Que un juego sea popular no significa que sea el más adecuado.


5. Mas acompañamiento. Más que consolas y juegos, todos los seres humanos, especialmente los niños requieren atención, amor, protección, seguridad.


6. Aplicando los criterios del DSM-V para la adicción de los videojuegos, debemos alertarnos si en nuestros menores si observamos los siguientes criterios:


  • Si necesita pasar más tiempo jugando cada vez.

  • Intentos infructuosos de detener o restringir el juego.

  • Mentiras sobre su uso.

  • Pérdida de la noción del tiempo.

  • Insomnio, descuido de la higiene y/o la alimentación.

  • Inquietud, estado de ánimo triste o irritabilidad cuando no se juega.

  • Incapacidad para dejar de jugar cuando se fija una hora límite.

  • Aislamiento, perdida de relaciones significativas.

  • Abandono de estudios o de la actividad laboral por el juego.


Os dejamos con un vídeo de un caso extremo:


Esmeralda Armada Ortega

Psicóloga Col. Nº M-29040

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