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Valores y creencias


Valores y creencias

Los #valores y las #creencias son filtros de información con los que categorizamos al mundo, a los demás y a nosotros mismos. Los usamos para decidir, de manera implícita, de entre la información que recibimos, con qué nos quedamos y con qué no. De hecho, son un filtro a través del cual seleccionamos la información que reafirma nuestra manera de #pensar, #sentir y #actuar. Hay un dicho que apunta que “somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Estamos diseñados para ello. Valores y creencias son como las aplicaciones que corren en segundo plano en nuestro móvil. No somos conscientes de que están ahí funcionando, pero condicionan plenamente nuestras vidas.


Solemos escuchar que “la juventud de hoy no tiene valores”. Todo el mundo los tiene, simplemente son distintos entre personas y entre grupos. Solo mediante la #empatía, la #generosidad, la #comprensión y el #compromiso, es posible compensar este fenómeno.

Construimos lo valores y las creencias en una mezcla entre las influencias familiares y socioculturales, que se ven retroalimentadas con las experiencias vitales. Son generalizaciones que pasan a construir nuestra realidad, o su percepción e interpretación, y esto determina como respondemos conductualmente ante ella.


Por todo ello es muy interesante poder conseguir que estos procesos que trabajan en nuestra vida, de manera involuntaria e inconsciente, pasen a ser conscientes y explícitos. Dicho de otra manera, traerlos a un primer plano, para poder gestionarlos, y tener un mayor control sobre nuestra vida, como la entendemos, como la #sentimos y como #reaccionamos. Podemos crear nuevas creencias, modificarlas conforme a nuestros objetivos vitales.


Si, por desgracia, sufriste #acosoescolar, fácilmente pudiste desarrollar la creencia de que la gente es peligrosa. Esto va a marcar como son tus relaciones con los demás en el futuro. Puede llevarte a una gran temerosidad y mostrarte distante, o estar hipervigilante a las reacciones de los demás y mostrarte agresivo sin motivo aparente. Esto provocará que el otro reaccione también con agresividad y refuerce la creencia. Con toda probabilidad desestimarás como causa tu propia reacción agresiva como desencadenante, porque la creencia ya asigna una peligrosidad inicial a la otra persona.


No solemos hacer el ejercicio de poner a prueba la veracidad de nuestras creencias.

De la misma manera que nuestras creencias condicionan nuestra manera de funcionar, también lo hacen las de los demás, especialmente a lo largo de nuestro desarrollo en la #infancia. Los prejuicios de otros, particularmente profesores, jefes, parientes o amigos, son especialmente importantes. Se llama efecto Pigmalión.


Se realizó una investigación en la que se dividió un grupo de niños con el mismo nivel de capacidad intelectual, en dos grupos. En uno el profesor expresaba frecuentemente lo talentosos que eran sus alumnos, mientras que en el otro se les dijo que eran niños con problemas de aprendizaje. Un año después, la diferencia de resultados a nivel de rendimiento académico fue muy significativa.


Es importantísimo hacer un análisis, un ejercicio de introspección, y revisar las creencias que guían nuestra vida, por nuestro propio beneficio y por la influencia que tenemos sobre nuestros hijos. Si tengo la expectativa de que mi hijo no va a “ser capaz”, estoy hipervigilante, le sobreprotejo, le corrijo y controlo constantemente, se crea un efecto de profecía autocumplida. Estaré, con toda mi buena intención, y sin darme cuenta, impidiendo que desarrolle las habilidades necesarias, que también se perciba así mismo como incapaz. A parte, puede tener un impacto perjudicial en nuestra relación afectiva. No estaré pudiendo disfrutar plenamente de él, ni él de mi.


Muchas veces, solo haciendo examen de conciencia, revisando mi forma de pensar, sentir y actuar, puede ser suficiente. Otras veces necesitaremos de observadores externos “objetivos” para contrastar. En ocasiones, para trabajar creencias que influyen de manera negativa e intensamente en nuestras vidas, y la de las personas que nos rodean, deberemos acudir un profesional.


Para comenzar a tomar conciencia de los esquemas que subyacen a nuestra conducta, haz un sencillo registro:


  • Recoge las situaciones desagradables o dificultosas para ti a lo largo de la semana. Por ejemplo: “tuve que hacer el trabajo de mi compañero”.

  • Describe lo que desencadenó la situación y como reaccionaste después. Ejemplo: “mi compañero no terminó su trabajo, se ha ido a casa y he tenido que quedarme más tiempo y hacerlo yo”.

  • Analiza el pensamiento hacia ti mismo, hacia la situación y hacia el otro que determinó tu forma de reaccionar, y el sentimiento o emoción que provocó ese juicio. Ejemplo: “no puedo soportar que las cosas no se hagan, mi compañero es un inútil, tengo que hacer yo todo”.

  • Busca un pensamiento más ajustado, más realista, más sano, o más adecuado para ayudarte a afrontar la misma situación desde una perspectiva más eficaz. Ejemplo: “Es desagradable ver como otros no cumplen con su cometido, pero puedo tolerar que sean ellos los que se hagan cargo de su responsabilidad, al ritmo que ellos consideren oportuno”.


Si tienes problemas para encontrar alternativas más adecuadas a tu forma de interpretar las cosas, y adquirir una perspectiva que te haga más fácil y plena la vida, no dudes en consultarnos.


Javier Hernández Matas | Psicólogo Col. Nº M-20253

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