Método de las “5C”: Un modelo para la adecuada crianza y convivencia con adolescentes TDAH.
- Centro Psicológico Loreto
- 15 abr
- 4 Min. de lectura

Método de las “5C”: Un modelo para la adecuada crianza y convivencia con adolescentes TDAH.
La crianza de los adolescentes siempre ha supuesto numerosos quebraderos de cabeza para la mayoría de padres. Parece que nada resulta, que todo les parece mal y que estamos en una lucha continua sin fin.
En lo que respecta a la crianza de adolescentes con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) ésta supone un mayor desafío constante para numerosas familias. No es raro que las dificultades emocionales, sociales, académicas y neurológicas que padecen estas personas, se intensifique en esta etapa.
Los mayores restos en todo adolescente suelen consistir en manejar la tolerancia a la frustración, mejorar sus habilidades sociales y de comunicación, modular la impulsividad y organizarse mejor. Las personas con TDAH es frecuente que encuentren algo más de dificultad en lograrlo.
La clave de todo ello esa dar con herramientas que resulten no sólo prácticas y claras, sino también basadas en la evidencia científica. Así una de las propuestas es el llamado método de las “5 C”.
Así este modelo incluye cinco pilares fundamentales: Consistencia, Autocontrol, Compasión, Colaboración y Celebración. Se trata de aplicar estrategias conjuntas, favoreciendo el desarrollo emocional y la autonomía, y así mejorar de manera significativa la convivencia familiar.
1ª “C” es la Consistencia:
Por consistencia se entiende que las normas han de ser claras y estables. Esto reduce la ansiedad y les ayuda a orientarse. Así recordamos que los adolescentes, necesitan entornos estructurados y estables, y especialmente los adolescentes con TDAH.
Ha de haber una coherencia entre los actos, las expectativas y las consecuencias. Las normas no se cambian, con lo que si el adolescente decide saltárselas ya conocerá sus consecuencias de antemano. Esto evitará discusiones a la hora de instaurar castigos o recompensas porque nadie podrá decir que las reglas de juego no estaban escritas de antemano.
Así mismo otro aspecto importante en la “C” de Consistencia, implica las rutinas (alimentación, sueño, estudio, ejercicio, etc.). La estabilidad que aportan las rutinas se traduce en organización, mejora de la autorregulación y en definitiva seguridad. La misión del adulto aquí es mantenerse firme en el cumplimiento de las mismas.
2ª“C” es el auto Control.
Es importante que los adultos actuemos como modelos emocionales para los adolescentes. En general, aprenden más de lo que ven en nuestro comportamiento, que de lo que les decimos.
Resulta clave intentar reaccionar con calma, sin gritos ni impulsividad. Los adolescentes tienden a imitar el patrón que viven.
Esto no significa que sea sencillo, y más en momentos de conflicto importante con conductas problemáticas. Pueden sernos útiles técnicas como la respiración profunda o apartarnos para tomar una pausa, etc.
De nuevo nos encontramos con que el autocontrol del adulto transmite seguridad, confianza y estabilidad al adolescente. Y ya de paso aprenderá por imitación estrategias que le serán a él útiles para lo mismo.
3ª “C” es la Compasión.
Hemos de recordar que las conductas problemáticas de los adolescentes con tdah responden en su mayoría a dificultades neurológicas y no son por falta de voluntad. En este aspecto la compasión implica validar las emociones del adolescente, acompañándole, no juzgándole y entendiendo cómo ha de sentirse.
Ayudan frases como: “puedo ponerme en tu lugar”, “entiendo que esto te cuesta”, etc... (Es evidente que no se trata de justificar todo comportamiento, pero sí los que responden al TDAH).
La empatía fortaleceré el vínculo. Un fuerte vínculo es la clave de la eficacia en la intervención.
4ª “C” es la Colaboración.
Pese a que no queda duda de que en la crianza han de ponerse normas por parte de adulto, ésta ha de incluir ciertos aspectos en el caso de los adolescentes. Algunos son que el adolescente ha de buscar soluciones a los problemas y dar su opinión. Todo ellos van a ayudar la hora de establecer normas de manera conjunta con el adulto y mejorar su motivación a la hora de cumplir los acuerdos.
Por ejemplo, si queremos diseñar estrategias para mejorar la organización escolar, la colaboración con él refuerza la sensación de competencia y la autopercepción de eficacia. Todo ello ayuda al adolescente a desarrollar la toma de decisiones.
5ª “C” es la Celebración.
Habitualmente los adolescentes tienden a recibir muchas más críticas que elogios, lo que dificulta en ocasiones la relación con ellos. Es fundamental reconocer el esfuerzo, los logros y también los pequeños avances que consigue el adolescente.
Así el refuerzo positivo no sólo aumenta la frecuencia de aparición de ese buen comportamiento, sino que también mejora la autoestima.
La celebración es más efectiva si es específica. Destacar conductas concretas (por ejemplo, haber sacado buena nota en esa asignatura que cuesta tanto esfuerzo) siempre es más efectivo que la generalización (por ejemplo, una celebración por el final de curso)
Así el método de las “5 C” nos aporta ideas útiles y directrices para implicarnos en un proceso gradual en el que, aunque habrá dificultades e incluso retrocesos, nos ayudará a mantener una actitud adecuada y un aprendizaje continuo. El objetivo final es contribuir al bienestar emocional de toda la familia y promover el desarrollo integral del adolescente (y no sólo reducir conductas problemáticas). Ofrece una guía para transformar la crianza en una experiencia positiva y más consciente. Así, se fomentan las relaciones familiares respetuosas a la vez que sólidas.
En ocasiones el caso puede tornarse complicado y es cuando la intervención psicológica ofrece herramientas adaptadas a cada persona y acompaña, tanto a la familia como al adolescente, en el proceso.
Ana Ruiz Montoya
Psicóloga Col. Nº M-16245
Centro Psicológico Loreto Charques




Comentarios