La Soledad en la tercera edad.
- Centro Psicológico Loreto
- 22 oct 2025
- 3 Min. de lectura

La Soledad en la tercera edad.
A menudo escuchamos noticias en la televisión que nos dicen que ha sido hallado el cuerpo de una persona mayor, varios meses después de su fallecimiento, porque nadie lo ha reclamado y ni siquiera le ha echado de menos…
Nos preguntamos cómo es posible, que la familia, o un su defecto algún amigo o vecino, no le haya extrañado en todo ese tiempo.
Sin embargo, esta es la cruda realidad de muchas de las personas mayores que viven solas y que no tienen familia…
Desde la sociedad deberíamos implantar un sistema de detección de movimientos o localizador, que permitiera a un organismo estatal poder llevar el control de estas personas que viven solas y que no tienen ningún vínculo por cualquier razón no deseable.
En Estados Unidos, por ejemplo, existen programas como el “Seniors never alone program” (programa para que los mayores nunca estén solos), en los que psicólogos especializados en la tercera edad, llaman semanalmente a estos mayores, no solo para controlar que están bien, sino para ofrecerles escucha y acompañamiento en sus últimos años de vida.
¿Cuáles serían los pasos que deberíamos seguir con ellos, si todavía cuentan con familiares o seres queridos que los aman y no les abandonan “a su mejor suerte”?
Reconocer y validar su tristeza y sensación de soledad, y explicarles que es normal que añoren cercanía y vínculo con otras personas.
Hacer con ellos un Ritual de acompañamiento interno en donde nos verbalice con quien le gustaría estar ahora mismo, o a quien desearía hablarle y expresar su deseo de compañía. Podría imaginar a ese ser querido y “hablarle”, o si le es más fácil, escribirle una carta contándole su día.
Llenar esos tiempos vacíos (el dolor se amplifica en la quietud), con algo que pueda poner su atención en actividades sencillas, como poner música, leer un libro, cocinarse algo especial, o caminar un rato si la persona aun es totalmente independiente.
Ampliar su Red de Vínculos, bien haciendo un voluntariado, entrando en un programa de mayores, como por ejemplo “Adopta un abuelo”, o tal vez algo relacionado con talleres, clubs de lectura, yoga o pilates.
No es tanto por “no estar solo”, sino por crear un tejido que sostenga su necesidad de compañía regular.
En definitiva, es mejor abordar la tristeza en cuanto aparece, que esperar a que alguien o algo de fuera aparezca para cubrir sus necesidades.
Habitualmente la persona que ha tenido su vida llena y de repente se jubila o envejece sin pareja o sin hijos, va a experimentar en algún momento de su vida, esta sensación de tristeza y soledad que se localiza en el pecho, y que hace sentir a la persona que su vida ya no tiene sentido…
Como CONCLUSION, podríamos hacer que tres cosas muy sencillas para ayudarles:
Que expresen lo que sienten (a nosotros y en su defecto, por escrito).
Realizar gestos de autocuidado (comer rico, leer algo que les guste).
Recordar a alguien que añoran y “establecer una charla” con ellos.
Está claro que cualquier apoyo que podamos dar a nuestros mayores, será lo mejor que hagamos para contribuir a su bienestar físico y psicológico, comprendiendo además que también nosotros llegaremos a esa edad y echaremos de menos a los que queríamos.
María Jurado Madico
Psicóloga Col. Nº M-08685
Centro Psicológico Loreto Charques




Comentarios