top of page

La ansiedad que nace de la exigencia: cuando nunca parece suficiente.

  • Foto del escritor: Centro Psicológico Loreto
    Centro Psicológico Loreto
  • hace 5 minutos
  • 3 Min. de lectura
La ansiedad que nace de la exigencia: cuando nunca parece suficiente.
La ansiedad que nace de la exigencia: cuando nunca parece suficiente.

La ansiedad que nace de la exigencia: cuando nunca parece suficiente.


Muchas personas viven con ansiedad sin saber muy bien por qué. No siempre hay crisis evidentes, ni ataques de pánico, ni un motivo concreto al que señalar. A veces la ansiedad se manifiesta como una sensación constante de tensión, de urgencia, de no poder parar. Como si descansar costara. Como si equivocarse no fuera una opción.


En muchos casos, esta ansiedad tiene raíces profundas: una educación exigente que, con los años, se ha convertido en una voz interna aún más dura que cualquier exigencia externa.


“Me educaron bien”, pero... ¿a qué precio?


Es frecuente escuchar frases como: “Mis padres fueron exigentes, pero gracias a eso soy responsable” o “Me enseñaron a esforzarme”. Y es cierto: la exigencia puede fomentar valores positivos. El problema no es la exigencia en sí, sino cuando no va acompañada de validación emocional, comprensión del error y permiso para ser imperfectos.


En muchas familias, el reconocimiento llegaba cuando se hacía algo bien: buenas notas, buen comportamiento, no dar problemas. Sin darse cuenta, el niño aprende un mensaje muy potente: valgo cuando cumplo, cuando no fallo, cuando estoy a la altura.


Y también aprende algo más silencioso: que mostrar miedo, tristeza o inseguridad no es bienvenido.


Cuando el amor se confunde con rendimiento


Si el cariño y la aprobación estaban ligados al desempeño, el niño empieza a esforzarse no solo por hacer las cosas bien, sino por ser “adecuado”. Adecuado emocionalmente. Adecuado en expectativas. Adecuado en resultados.


Con el tiempo, esa exigencia externa deja de ser necesaria. La persona se la lleva dentro. Así nace la autoexigencia.

La voz interna que nunca descansa


La autoexigencia suele presentarse como una cualidad positiva: responsabilidad, compromiso, altos estándares. Pero cuando se vuelve constante y rígida, empieza a generar ansiedad.


El perfeccionismo no es querer hacer las cosas bien. Es no permitirse fallar sin castigarse. Es vivir el error como una amenaza al propio valor personal.


La mente entra en un estado de vigilancia continua:


  • Revisar lo que se ha hecho.

  • Anticipar lo que puede salir mal.

  • Compararse con otros.

  • Exigirse un poco más… siempre un poco más.


Los logros duran poco. Apenas alivian. Enseguida aparece el siguiente objetivo.


Una ansiedad que empuja (pero desgasta)


Este tipo de ansiedad no siempre paraliza. Muchas veces hace lo contrario: empuja.

Personas muy exigentes consigo mismas suelen ser eficientes, responsables, resolutivas.


Desde fuera, “funcionan”. Desde dentro, viven agotadas.


Algunos signos frecuentes son:


  • Dificultad para relajarse sin culpa.

  • Sensación de urgencia constante.

  • Autocrítica dura y automática.

  • Intolerancia al error propio.

  • Necesidad de control.

  • Tensión corporal, insomnio, problemas digestivos.


No es una ansiedad escandalosa. Es silenciosa. Persistente. Y profundamente cansada.


El miedo de fondo: no ser suficiente


En el núcleo de esta ansiedad suele haber un miedo antiguo: no ser suficiente. Y, ligado a él, el miedo a no ser querido.

 

Aunque en la vida adulta ya no dependamos de la aprobación de nuestros padres, el sistema emocional sigue funcionando con reglas aprendidas muy pronto. El perfeccionismo se convierte entonces en una estrategia de protección: si hago todo bien, estaré a salvo.


Por eso no basta con decir “relájate” o “no seas tan duro contigo”. La autoexigencia no es un capricho: es una defensa.


Empezar a soltar sin derrumbarse


Superar este tipo de ansiedad no significa dejar de esforzarse ni “bajar el nivel”. Significa algo mucho más profundo: romper la asociación entre valor personal y rendimiento.


Algunas claves de este proceso son:


  • Reconocer la voz exigente y entender de dónde viene.

  • Dar espacio a las partes más vulnerables que aprendieron a callarse.

  • Aprender a equivocarse sin castigarse.

  • Diferenciar quién eres de lo que haces.

  • Introducir una autoexigencia más humana y flexible.


Al principio, soltar la exigencia da miedo. Aparece la sensación de que, sin ella, todo se desmoronará. Pero lo que realmente se está soltando no es el compromiso, sino la violencia interna.


Hacia una exigencia más sana


Existe una exigencia que cuida. Que impulsa sin aplastar. Que permite descansar sin sentirse culpable. Una exigencia al servicio de la vida, no en contra de ella.


Cuando este cambio empieza a darse, la ansiedad no desaparece de golpe, pero pierde fuerza. Ya no hace falta estar siempre demostrando algo. Ya no todo depende de hacerlo perfecto.


Y poco a poco aparece algo nuevo —y profundamente reparador—: la sensación de poder ser suficiente incluso cuando no se es perfecto.


María Jurado Madico

Psicóloga Col. Nº M-08685

Centro Psicológico Loreto Charques

+ info_

  • Facebook - círculo blanco
  • LinkedIn - círculo blanco
  • Blanco Icono de Instagram
  • YouTube - círculo blanco
  • X

Dirección

Calle Poeta Joan Maragall, 49. 1º C

28020 Madrid (España)

Teléfonos

Fijo: (+34) 91.359.74.32

Móvil: (+34) 691.463.147

Horarios

Lunes a Jueves de 10h. a 14h. y de 16h. a 20h.

Viernes de 10h. a 14h. y 16h. a 19h. 

Agosto Cerrado

2012-2026 © Centro Psicológico Loreto Charques, S.L.P.U. C/ Poeta Joan Maragall, 49. 1º C (Antigua Capitán Haya) 28020 Madrid (España) 

Aviso Legal | Política de Privacidad | Política de Cookies

bottom of page