TDAH y expresión artística: cuando el arte encuentra otras formas de expresión.

TDAH y expresión artística: cuando el arte encuentra otras formas de expresión.
Cuando hablamos de #TDAH, solemos pensar en dificultades para mantener la atención, impulsividad, inquietud o problemas para organizar las tareas del día a día. Sin embargo, también resulta maravilloso explorar cómo las personas con TDAH sienten, perciben y expresan el mundo que les rodea.
La pintura, la danza, la música o el teatro pueden convertirse en espacios donde explorar emociones, canalizar la energía y encontrar formas de expresión que, en ocasiones, ni siquiera las palabras consiguen alcanzar.
¿Qué relación existe entre el TDAH y la expresión artística?
La investigación científica ha comenzado a explorar estas posibilidades. Por ejemplo, Kayserili y Jafari (2025) publicaron una revisión de estudios sobre arteterapia en niños con TDAH, cuyos resultados apuntan a posibles beneficios en aspectos como la atención, la regulación emocional y las habilidades sociales. No obstante, todavía es necesario seguir investigando para comprender mejor estos efectos.
Crear implica experimentar, tomar decisiones y conectar con nuestras emociones. Cada persona tiene una manera particular de relacionarse con el mundo, y la expresión artística puede ayudarnos a descubrirla y encontrar formas de compartirla.
¿Cómo puede ayudarnos cada disciplina artística?
La expresión artística puede ofrecernos oportunidades para desarrollar distintas habilidades, pero también para descubrir nuevas maneras de sentir y comunicarnos.
La pintura y las artes plásticas permiten explorar emociones, experimentar con los sentidos y dar forma a aquello que, a veces, ni siquiera sabemos cómo nombrar. No siempre necesitamos encontrar las palabras adecuadas; en ocasiones, un color, una imagen o un trazo pueden expresar mucho más de lo que imaginamos.
La danza y el movimiento nos invitan a explorar el cuerpo, el ritmo y el espacio. Para algunas personas, bailar puede facilitar la expresión emocional y la coordinación, convirtiéndose en una oportunidad para conocerse mejor, descubrir sus posibilidades y relacionarse de otra manera con el entorno.
La música, ya sea escuchándola, cantando o tocando un instrumento, puede favorecer la expresión emocional y despertar la motivación y el interés. Sus efectos dependen de cada persona y del contexto, pero también puede convertirse en un lenguaje compartido. Quizá una de sus particularidades sea esa capacidad para generar experiencias emocionales colectivas, incluso cuando no hace falta decir nada.
El teatro, por su parte, nos permite explorar emociones, ponernos en el lugar de otras personas y experimentar con la comunicación y las relaciones sociales. A través de los personajes y la improvisación, podemos descubrir aspectos de nosotros mismos, ganar confianza y ensayar nuevas formas de expresión.
Estas actividades no constituyen por sí mismas tratamientos específicos para el TDAH, pero pueden formar parte de experiencias enriquecedoras para el bienestar y el desarrollo personal.
Cuando expresarse también significa sentirse comprendido/a
Las personas con TDAH pueden experimentar dificultades para regular determinadas emociones o adaptarse a entornos que exigen mantener la atención durante periodos prolongados. Cuando estas experiencias se interpretan únicamente desde la dificultad, existe el riesgo de que la persona termine sintiendo que hay algo en ella que debe corregirse constantemente.
Por eso, también es importante ofrecer espacios donde pueda explorar sus capacidades, descubrir sus intereses y expresarse sin miedo al error.
El arte puede contribuir a crear esos espacios. No porque elimine las dificultades, sino porque permite experimentar otras maneras de aprender, participar y relacionarse con uno mismo y con los demás.
Para favorecer estas experiencias, conviene respetar los intereses personales, reducir la presión por obtener resultados perfectos, adaptar los tiempos y ofrecer un entorno flexible. El objetivo no tiene que ser crear una obra extraordinaria, aprender rápidamente o terminar siempre lo que se empieza, sino disfrutar del proceso y encontrar una forma propia de expresión.
Cuando se busca un objetivo terapéutico, es importante contar con profesionales cualificados y entender las actividades artísticas como un posible complemento, no como un sustituto de los apoyos o tratamientos indicados.
Una forma diferente de mirar el TDAH
Quizá el valor del arte no esté únicamente en lo que una persona consigue crear, sino también en lo que descubre mientras lo hace: la posibilidad de experimentar, equivocarse, volver a empezar y encontrar un espacio donde expresarse sin tantas exigencias.
Porque no todas las personas sienten, aprenden o se comunican de la misma manera. Comprender el TDAH también implica mirar más allá de sus dificultades, reconocer la individualidad de cada persona y ofrecer oportunidades para explorar sus capacidades.
A veces, comprender a alguien no consiste en pedirle que encuentre las palabras adecuadas, sino en ofrecerle un espacio donde pueda expresarse a su manera. Y quizá, en ese espacio, el arte no tenga que explicar nada: simplemente, le permita ser.
Isabel Rivas Marqués
Psicóloga Col. Nº M-37532
Centro Psicológico Loreto Charques




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