Resiliencia infantil.
- Centro Psicológico Loreto
- 12 nov
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Resiliencia infantil.
No es posible proteger a nuestras hijas e hijos de los altibajos de la vida. Sin embargo, sí podemos educarlos para que desarrollen la capacidad de adaptarse y superar las dificultades que encuentren en su camino. De esta forma, les proporcionamos herramientas emocionales y personales que les permitirán desenvolverse con éxito en la edad adulta.
Podemos definir la resiliencia infantil como la capacidad que se desarrolla durante la infancia para adaptarse y sobreponerse a situaciones adversas o traumáticas, transformando esas experiencias en oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal. Durante mucho tiempo se pensó que la resiliencia era una cualidad innata de algunas personas, pero hoy sabemos —gracias a especialistas como el terapeuta familiar Jorge Barudy— que esta capacidad es “el resultado de las interacciones entre el individuo, sus semejantes, sus condiciones de vida y su entorno vital”.
Barudy distingue dos tipos de resiliencia:
Resiliencia primaria: se origina en los primeros vínculos afectivos con los cuidadores principales y está estrechamente relacionada con la teoría del apego propuesta por John Bowlby.
Resiliencia secundaria: se desarrolla más adelante, ya que la ausencia de buenos tratos en los primeros años no condena necesariamente al niño o la niña a la inadaptación o la patología. El psicólogo Alberto Soler lo explica a través de diferentes sistemas que influyen en el desarrollo infantil: desde el ontosistema (las características temperamentales del niño), pasando por el microsistema (la familia y el entorno más cercano), el exosistema (contextos sociales más amplios como la escuela o el vecindario), hasta el macrosistema (la cultura, la sociedad y las condiciones políticas).
La resiliencia no es una cualidad fija ni permanente, sino un proceso dinámico que se construye y fortalece con el tiempo. Implica aprender a mirar la realidad desde una perspectiva más flexible, optimista y esperanzadora.
Algunas habilidades y actitudes que podemos fomentar para favorecer la resiliencia en la infancia son las siguientes:
Sentimiento de autoeficacia: ayudarles a reconocer sus propias fortalezas, permitirles tomar decisiones y enseñarles a ver los errores como oportunidades de aprendizaje.
Promover la autoestima: reforzar la confianza en sí mismos y reflexionar sobre cómo las experiencias difíciles pueden hacernos más fuertes.
Fomentar vínculos saludables: las relaciones seguras fortalecen la resiliencia. Enseñar a hacer y mantener amistades, y promover la cooperación y la ayuda mutua, les hace sentirse valiosos y conectados.
Actitud positiva: enseñar a ver lo constructivo incluso en las situaciones complicadas, para afrontar los retos con una visión más optimista y realista.
Autoconocimiento y regulación emocional: favorecer la introspección y la comprensión de los propios estados emocionales. Aprender a identificar cómo se sienten, qué les preocupa y cómo pueden cuidarse.
Metas y propósito: animarlos a establecer objetivos y a valorar el esfuerzo como parte del aprendizaje. Alcanzar metas, aunque sean pequeñas, les ayuda a construir confianza y motivación.
Flexibilidad cognitiva: comprender que el cambio forma parte de la vida. Enseñarles a adaptarse, a redefinir sus planes y a ver los obstáculos como nuevas oportunidades, no como derrotas.
Acompañar a nuestros hijos e hijas en el desarrollo de su resiliencia no significa evitarles el sufrimiento, sino estar presentes para sostenerlos, guiarlos y ayudarles a comprender que las dificultades también forman parte del camino. Fomentar la resiliencia es regalarles una herramienta interna que les servirá toda la vida: la confianza en que, pase lo que pase, siempre pueden volver a levantarse y seguir adelante.
Esmeralda Armada Ortega
Psicóloga Col. N.º M-29040
Centro Psicológico Loreto Charques




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